Lazos brillantes: La alianza de la Chuya Mikuna con otras organizaciones de productores agroecológicos
Esta historia, como muchas historias de gente que crea lazos brillantes con otra gente, empieza en un momento de crisis. Ya alguna vez un cuentero me contó la historia de un monje que, al llegar a la casa de unos campesinos muy pobres, salió en la noche y empujó la única vaca que poseían al barranco. Para horror de su aprendiz, al día siguiente el monje se despidió de los campesinos con una sonrisa en los labios. Sabía que, muy seguramente, ese momento de crisis sería el desencadenante de una serie de soluciones creativas que encontrarían los campesinos no solo para sobrevivir, sino para “bien vivir”.
Si cualquiera de nosotros hubiera visitado la organización campesina Chuya Mikuna en el año 2006, seguramente se hubiera encontrado a sus dinámicos líderes luchando contra viento y marea para articularse con los gigantes de la comercialización de alimentos en Ecuador: Supermaxi y Mi Comisariato. No importaba cuán duras eran las condiciones que les imponían estos supermercados para vender las hortalizas en sus perchas. No importaba que el dependiente dijera en un tono frío: “15% del volumen entregado no se paga en ningún caso, porque seguro está malo, estará podrido” y que recibiera el pedido sin dar ni una miradita a esas, sus hortalizas seleccionadas con tanto cuidado, producidas de forma agro ecológica con tanto amor. No importaba porque ellos creían firmemente en la calidad de sus productos. Sabían que, una vez que los consumidores los probaran, ya no iban a querer comprar otra marca. ¿Pero como hacerles conocer el producto? A pesar de que estas grandes cadenas les obligaban a dejar otro 5% del volumen del pedido para la publicidad general del supermercado, rara vez en sus folletos se hacía referencia a las bondades del consumo de productos agro ecológicos. Como iban a hacerlo, si las lindas hortalizas de la Chuya aparecían en medio de todo el resto de comida chatarra que también comercializaba el Supermercado. Entonces, decidieron más bien poner sus energías en hacer su propia publicidad. Realizaron folletos, pancartas, degustaciones. Estaban convencidos de su éxito porque sus hortalizas eran verdaderamente bellas y sanas. Pero las condiciones eran duras. Prácticamente regalar el 20% de la producción al Supermercado era un peso difícil de llevar…
El problema se destapó de forma intensa en una de las reuniones de la Chuya. ¿Qué hacer? ¿Cómo salir de esa dinámica injusta que estaba acabando con las fuerzas y los recursos de la organización? Marcelo, el técnico de la ONG local SENDAS que había acompañado los esfuerzos de los campesinos, se quedó pensativo. Era extraño pero mientras los dirigentes conversaban acaloradamente sin encontrar una salida al problema de la comercialización con el Mi Comisariato, él pensaba en las mujeres de escasos recursos viviendo en la ciudad y de su constante lucha para mejorar la vida de sus familias. No es que no le interesara el tema de la Chuya, es que sentía que por ahí tenía que haber una conexión. Finalmente se decidió a hablar y contó a sus compañeros que hace poco, en un taller sobre enfoque de género, había conocido a una organización de mujeres de la costa del Ecuador que compraban hortalizas en el mercado mayorista para venderlos en canastas, a un precio cómodo, a otras mujeres de escasos recursos. No tuvo que decir más, todas las personas que participaban de la reunión tenían ya un brillo nuevo en los ojos.
El primer contacto con la dirigente del Movimiento de Mujeres del Oro fue alentador. Estaba muy motivada. Esa organización ya había estado hablando desde algún tiempo de la economía solidaria, de la necesidad de ampliar los lazos de solidaridad campo-ciudad. Les habló de sus canastas, de su necesidad de proveer alimentos sanos: lechugas, acelgas, papas, tomate riñón, frutas, etc. Habían hecho algunos intentos con otras organizaciones campesinas pero habían fracasado por falta de continuidad y de volumen suficiente en las entregas para todo el año. Al terminar la conversación los dirigentes estaban convencidos. Ellos no fallarían. Tenían un sistema de acopio bien organizado y un sistema de producción bien planificado. Esa era la salida pero, no lo podían hacer solos. Los productores de la Chuya únicamente producían 10 de los 17 alimentos de los que les había hablado la dirigente y además su producción era vulnerable a las inclemencias del clima.
En las reuniones de la Red Tierra y Canasta, conocen a la ACT, la organización de productores de papa orgánica de Chimborazo. Se construyen primero lazos de confianza. La ACT visita a la Chuya, la Chuya le devuelve la visita. Establecen los criterios para la relación comercial. Franklin, uno de los encargados de la comercialización de la Chuya explica a sus nuevos amigos: “Nuestra organización no obtiene ninguna ganancia por el trabajo de comercialización. Nosotros fijamos los precios a pagar al productor haciendo un estudio sobre los costos de producción y aumentando, a ese valor, el 30%. Queremos darle un buen precio al productor. El precio al consumidor lo fijamos aumentando los costos de transporte al precio pagado al productor”. Se establecen acuerdos con varias organizaciones, con la misma dinámica de confianza y transparencia, y empieza la venta de canastas a la Organización de Mujeres del Oro.
Actualmente, la Chuya Mikuna comercializa casi el 95% de productos de organizaciones aliadas, pagando precios justos a cientos de productores de varias provincias del Ecuador. No todo ha sido fácil. En momentos de subida fuerte del precio de papa, los productores han preferido a veces vender al mercado en vez de vender a la Chuya y nuevos acuerdos con renovados lazos han tenido que forjarse. Sin embargo, al final del 2008, los dirigentes de la Chuya se sienten orgullosos de haber podido tejer estos lazos. Lazos brillantes que le han permitido hacer entregas de casi 100 canastas cada quincena por 10 meses ininterrumpidos a la Organización de Mujeres del Oro y a la vez, haber mejorado el ingreso de un número cada vez mayor de productores agroecológicos del Ecuador.
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